Espinal se formó inicialmente con su padre y, posteriormente, en el taller de Domingo Martínez, con cuya hija Juana Martínez se casó. Tras la muerte de su maestro en 1749, heredó parte de sus dibujos, libros, estampas y clientela. Más adelante tuvo un papel importante en la creación de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla, alejándose progresivamente del modelo tardobarroco de su maestro.
Primera pintura: etapa inicial
La primera obra apareció en el mercado artístico atribuida a Domingo Martínez. Muñoz Nieto propone atribuirla a Juan de Espinal, concretamente a su etapa juvenil, aproximadamente entre 1735 y 1745. La pintura se conserva en una colección particular de Sevilla.
Espinal toma como referencia una composición de Murillo, pero introduce modificaciones: elimina al Niño de la composición de referencia, cambia la posición de santo Domingo y modifica la colocación de sus atributos. También utiliza elementos relacionados con la obra de Domingo Martínez, como el fondo dorado y los coros de vírgenes.
Segunda pintura: etapa de madurez
La segunda obra se conserva en el Monasterio de Santa Clara de la Columna de Belalcázar (Córdoba) y se fecha aproximadamente entre 1775 y 1783, es decir, en los últimos años de la vida de Espinal. En ella, la Virgen y el Niño aparecen sentados mientras santo Domingo, arrodillado, recibe el Rosario. La escena incorpora diversos elementos simbólicos, como el lirio, los halos, las coronas, el perro con una antorcha y el orbe.
El análisis estilístico relaciona los rostros y los angelotes de esta obra con otras pinturas conocidas de la etapa madura de Espinal, lo que permite al autor situarla cronológicamente en este momento final de su producción.
Evolución del estilo
La comparación entre ambas pinturas es el aspecto fundamental del artículo. La primera muestra un estilo más ligero, dinámico, luminoso y cercano al gusto rococó, todavía muy influido por Domingo Martínez. La segunda presenta una composición más solemne, estable e íntima, con figuras más sólidas, una paleta más oscura y un uso del claroscuro suave que aporta dramatismo.
El estudio demuestra cómo estas dos versiones del mismo tema permiten observar la evolución artística de Juan de Espinal desde su etapa juvenil hasta su madurez. Para el autor, las obras amplían el catálogo conocido del pintor y ayudan a comprender su transformación desde la influencia de Domingo Martínez hacia un lenguaje pictórico propio, más sólido e íntimo, dentro de la evolución de la pintura sevillana del siglo XVIII.
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